JOSH HENDY

(1998 - 2020)

DJ, Voluntario, Jugador

Josh tenía un don especial para la música. Podía pinchar y mezclar cualquier cosa, y a menudo era la persona de referencia para todo lo relacionado con la música. A los 12 años, Josh ya pinchaba para sus amigos y familia, e incluso mezclaba sus propios temas. El instituto fue una etapa difícil para Josh.

Comenzó a desarrollar «tics» – tanto verbales como físicos – que lo convirtieron en blanco de acoso. Finalmente recibió un diagnóstico de síndrome de Tourette. Así comenzó la larga lucha de Josh.

Josh tenía otras dificultades en el colegio: no le gustaban los deportes y, a menudo, sentía que no «encajaba» con los demás niños.

A pesar de estas dificultades, Josh era inteligente y aprobaba todos sus exámenes con un esfuerzo mínimo. Nunca fue de estudiar demasiado; prefería jugar a videojuegos o mezclar música. En la universidad, Josh estudió Ingeniería, pero le costaba la carga de trabajo y no parecía muy implicado en sus estudios. En su tiempo libre, trabajó en la ferretería local, en una pizzería y después en una tienda de comestibles. Se ganó enseguida el cariño de los vecinos, que a menudo iban a la tienda solo para charlar con él. Quedaron desolados cuando presentó su renuncia para trabajar como guardia de seguridad para el Ministerio de Defensa en el astillero de Portsmouth. Trabajaba de noche, y a menudo veía Netflix para combatir el aburrimiento.

Estudiante universitario sentado en un banco, leyendo en una tableta.
Estudiante universitario sentado en un banco, leyendo en una tableta.
Estudiante universitario sentado en un banco, leyendo en una tableta.

El alma de la fiesta – y de su comunidad

A los 18 años, Josh superó su formación para convertirse en agente especial de policía (Special Constable) en la policía de Hampshire.

Invitó a su familia a su juramento y consiguió que todos se sintieran increíblemente orgullosos de sus logros. Josh acudió después a numerosas intervenciones policiales por todo el condado, siempre tratando de ayudar a los demás y apoyar a su comunidad.

Allá donde iba, Josh dejaba huella en la gente. Para quien lo veía desde fuera, Josh parecía el alma de la fiesta.

Josh era la persona más sincera y bondadosa que se pudiera desear conocer. Siempre pensaba en los demás antes que en sí mismo.

Formaba parte de una familia muy unida: era hijo, hermano y dueño de su perro, Geordie. Su familia –los padres de Josh y su hermana Alice– lo hacía todo junto. Navidad, cumpleaños, vacaciones, ocasiones especiales, conciertos, partidos deportivos, salidas al pub y todo lo que hay entre medias.

Josh empezó a desarrollar nuevos vínculos sentimentales con chicas que conocía en sus viajes. Su joven mente carecía todavía de experiencia en la vida y en las relaciones. Su buen carácter hacía que a menudo se aprovecharan de él.

Los altibajos de cualquier relación son inevitables, pero para Josh, probablemente a causa de su depresión, resultaban devastadores.

21 años, eternamente joven

Josh tenía 21 años cuando hizo su último intento de suicidio. Tuvo el valor de acudir a sus médicos en busca de ayuda. Medicación, sesiones de terapia: para Josh, nada había funcionado.

La depresión era una enfermedad que le impedía a Josh ver el apoyo que tenía a su alrededor, en forma de su familia y amigos, que lo querían.

La depresión es ese «asesino silencioso» que nadie ve ni oye; golpea en el momento más vulnerable de la vida y te deja indefenso. Esta enfermedad de la mente puede permanecer tan oculta, con tantas formas de apoderarse de las personas. El estigma que rodea a esta enfermedad debilitante existe, y todos lo experimentan en algún momento de su vida; es nuestra capacidad de reconocerlo y afrontarlo lo que marca la diferencia.

La familia de Josh hace ahora un llamamiento a padres, colegios, institutos, universidades y empresas para que reconozcan los síntomas «no tan evidentes», porque ninguna familia debería tener que vivir jamás un suceso tan trágico. Josh rebosaba de vida, aunque por dentro llevaba un alma tan herida.

Guía: cómo hablar sobre el suicidio

Hablar abiertamente sobre el suicidio puede salvar vidas. Creado para educadores, organizaciones y particulares.

Aprenda cómo:

Hablar sobre el suicidio con franqueza y empatía

Iniciar la conversación en el trabajo, la escuela o el hogar

Hablar con alguien que está pasando por un mal momento y apoyarlo