A medida que los chatbots se programan para hablar, reír, cantar y resultar cada vez más realistas, la Generación Z recurre a ellos cada vez más en busca de consejo y consuelo.
SCREENSHOT media preguntó a Alice Hendy MBE sobre los riesgos de depender de los chatbots con fines terapéuticos; lee el artículo completo en www.screenshot-media.com.
«Uno de los principales riesgos de depender de la IA como herramienta terapéutica es la posible deshumanización del proceso terapéutico. En la terapia tradicional, la relación terapéutica entre el terapeuta y el paciente es fundamental para el proceso de sanación. Esta conexión humana permite la empatía, la comprensión y la capacidad de adaptar el tratamiento a las necesidades únicas de cada persona. Al depender de la IA como sustituto de los terapeutas humanos, existe el riesgo de perder este elemento esencial del proceso terapéutico, lo que podría reducir la calidad de la atención y la profundidad de la sanación que experimentan los pacientes», explicó Hendy sobre estas preocupaciones.
«Otro riesgo de depender de la IA como herramienta terapéutica es la posible dependencia excesiva de la tecnología para resolver problemas humanos complejos. Aunque la IA puede sin duda aportar perspectivas y apoyo valiosos en la terapia, es esencial reconocer que las emociones, experiencias y relaciones humanas son intrínsecamente complejas y multifacéticas. Deben reconocerse las limitaciones de la IA para comprender y responder a los matices de la experiencia humana, y los terapeutas humanos deben seguir desempeñando un papel central en el proceso terapéutico».
Otra razón por la que los críticos se muestran escépticos ante la IA es la cuestión de si es capaz de detectar afecciones complejas de salud mental, ofrecer un apoyo culturalmente sensible y leer entre líneas lo que se está diciendo, en lugar de tomar las afirmaciones completamente al pie de la letra.
Ante estas cuestiones, Hendy respondió: «La IA tiene el potencial de detectar señales de comportamiento de riesgo y alertar a las personas o a las autoridades pertinentes. Sin embargo, la eficacia de la IA en este sentido depende de la calidad y precisión de los datos con los que se entrena, así como de las consideraciones éticas a la hora de determinar qué constituye un comportamiento de riesgo».
Asimismo, la defensora de la salud mental advirtió: «No obstante, es importante abordar esto con sensibilidad y siendo consciente de los posibles sesgos en los algoritmos de IA».
Teniendo en cuenta las motivaciones que impulsan a los jóvenes hacia la inteligencia artificial, aun así quisimos destacar algunas de las ventajas que los usuarios pueden obtener al usar chatbots para preocupaciones emocionales (menores).
«Una de las principales ventajas de usar chatbots como herramienta terapéutica es su accesibilidad. Muchas personas pueden no tener acceso a la terapia tradicional debido a barreras económicas o logísticas. Al utilizar chatbots, las personas pueden buscar apoyo y orientación en cualquier momento y desde cualquier lugar, eliminando las barreras que podrían impedirles pedir ayuda», destacó Hendy.
«Además, los chatbots tienen el potencial de ofrecer apoyo continuo. Las sesiones de terapia tradicional suelen limitarse a citas programadas, dejando a las personas afrontar solas sus dificultades de salud mental entre sesiones. Los chatbots, en cambio, pueden ofrecer apoyo y orientación de forma continua, proporcionando una fuente constante de ayuda a quienes la necesitan».
Aun así, estas ventajas nos remitieron de nuevo a las advertencias iniciales de los expertos.
«Es importante señalar que, aunque los chatbots pueden ofrecer un apoyo valioso, no deben considerarse un sustituto de la terapia tradicional. La conexión humana y la empatía desempeñan un papel crucial en la terapia, y los chatbots no pueden reproducir plenamente estos aspectos», afirmó.
El planteamiento de Hendy sobre la importancia de una conexión humana auténtica se convierte en el punto de referencia al que aferrarse en el debate sobre la IA como terapeuta, dado que los matices de las emociones humanas, junto con la empatía y la comprensión esenciales que aportan los terapeutas humanos, no pueden ser plenamente reproducidos por los chatbots.
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